Hace poco se terminó la segunda temporada de The L Word Generation Q.
Es cierto que no tiene el poder de hipnotizarnos de las primeras temporadas de la serie, no sabemos si por la calidad de la producción o porque entonces teníamos 20 años menos. O porque ya no están Marina, Carmen...o Helena...
Igualmente la serie se deja ver, y es de esas cosas que hay que ver, que es parte de nuestra cultura, aunque sea para ponerle pegas.
Ya sabes de nuestro deseo de que Beth y Dani se casen y vivan felices para siempre. Pues la serie parece que nos ha escuchado y ha decidido hacer lo contrario a nuestra petición.
Ambas empresarias acaban frontalmente enfrentadas por sus respectivos trabajos y nos rompen el corazón.
En realidad Beth se convierte en una rompedora oficial de corazones en esta segunda parte. No al estilo Shane, no se acuesta con todas. Sino que va dando límites una a una a las personas que se le acercan, lo cual convierte a nuestra adorada diva en un personaje ligeramente insoportable.
Su relación con Pipa es tan pretenciosa que nos da un poco de cringe, pero nos alegramos por ellas... supongo. Ahora bien, Tina no ha desaparecido. Y Tibette va a volver a escena para la tercera temporada, no sabemos si como realidad o espejismo.
Respecto a Shane nos encanta verla por fin enamorarse sin hacer tonterías, y nos encanta su chica.
Y lo de Alice es muy interesante. La serie trata con acierto el tema de la bisexualidad en relación a cómo las personas homosexuales y heterosexuales meten constantemente en el clóset a los bisexuales, decantándoles a uno u otro polo.
Incluso los propios bisexuales a veces se enclosetan y polarizan para encajar. Así que Alice da una patada a los prejuicios y le dice al mundo, justo cuando el mundo la observa como la lesbiana del momento gracias a su programa de TV, que no es lesbiana, es bisexual