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lunes, 6 de diciembre de 2021

TESTIMONIOS DE LESBIANAS: ¿Por qué cada vez más solteras lesbianas deciden ser madres sin pareja en España?




Yo fui la primera en mi grupo de amigas que un día sorprendió a todas con un test que marcaba dos rayitas. “¡Estoy embarazada!”


La alegría de celebrar una nueva vida se mezclaba con el miedo que muchas tenían: “¿cómo vas a tener un hijo tú sola, cómo te va a organizar si no tienes pareja?”


Supongo que pensaban que había entregado mi vida a la crianza en solitario y que no me verían nunca más. Ha pasado el tiempo, no solo tuve un hijo, también me animé a ir a por el segundo.


Tienen casi 4 y casi 1. Y a pesar de que todo lo que implica la maternidad: cuidados, baños, comidas, compras, juegos, parque, dedicación, mimos, solo recae en mí, sigo teniendo tiempo para ir al cine, ver a mis amigas, tomar unos vinos, incluso tener citas con otras chicas.


Fui la primera, pero no soy la única. Entre amigas y conocidas ya hay 3 madres solteras lesbianas. Y otras 4 que están en proceso de serlo.


Quise escribir este artículo cuando dos de ellas coincidieron en la sala de espera de la clínica IVI de Madrid. Cuando una salía de la consulta, la otra entraba. Una de ellas ya es madre de una niña de dos años, a la que tuvo también en IVI en una primera inseminación. La otra será madre gracias a la ovodonación.


¿Por qué cada vez más solteras lesbianas decidimos ser madres sin pareja?


Es la pegunta que hice a mi alrededor. Las respuestas coincidían. “Me hubiera gustado ser mamá con otra mujer, pero no quería posponer más solo por eso, al final el tiempo pasa y vamos perdiendo fertilidad”. “A ver, pensar en una familia con dos mamás es bonito, sí, pero si no se da porque no es el momento, una familia monoparental es también especial y bonita, y tiene ventajas, como por ejemplo nunca tener una discusión con tu pareja por cosas de los niños”.


“Si me pongo a esperar a la mujer de mi vida quizás me llega antes la menopausia, así que nada, cuando llegue me encontrará con hijos”.


La visibilidad lésbica es también algo que influye. Las mujeres lesbianas estamos más visibles y empoderadas en la sociedad. La visibilidad de las famosas en diferentes esferas sociales, moda, televisión, cine, música, arte, política, normaliza nuestra orientación sexual.


Por otro lado, el estigma hacia las madres solteras ya existe. Ser madre soltera era algo bastante estigmatizado hace algunos años. A día de hoy representa la imagen de una mujer que cuenta con las herramientas económicas y emocionales para formar una familia, una mujer valiente que cumple un sueño.



sábado, 11 de mayo de 2019

Así descubrió esta chica que su mamá era lesbiana





¿Qué harías si te das cuenta de que tu mamá es lesbiana? ¿Le dirías a tu papá? ¿Te atreverías a tocar el tema?

Rocío iba en tercero de secundaria cuando empezó a darse cuenta de que algo sucedía en la relación de sus padres y, más específicamente, con su mamá.

«He de haber tenido 15,16 años. Mi mamá tenía una mejor amiga que se quedaba mucho a dormir y con la que convivía muchísimo. Mis papás seguían casados pero dormían en cuartos separados bajo el pretexto de que mi papá o mi mamá roncaba, no recuerdo bien quién de los dos. Nunca hubo pleitos ni nada como para decir que se llevaran mal, pero simplemente la presencia de esta mejor amiga era cada vez más».

No solo Rocío se daba cuenta de que algo sucedía, su hermana mayor, quien tenía 17, 18 años en ese entonces, también lo notó.

«Una vez mi hermana me dijo: “Siento que esta vieja es novia de mamá. ¿Qué harías? ¡Me muero!“. Yo estaba en una posición difícil, por un lado, porque yo también ya sabía que era gay, pero no había salido del clóset todavía, y por otro, oír las cosas que opinaba mi hermana al respecto hacían que menos quisiera salir de clóset. Yo intentaba apoyar a mi hermana pero siempre le dije que no quería hablar del tema».

Un día, Rocío iba en el coche con su papá. No pudo contenerse y le preguntó si era feliz.

«Me dijo: “Sí, ¿por qué?”. Yo le contesté: “Nada más quiero que sepas que tienes derecho a ser feliz”. Yo me imaginaba que también mi papá ya sabía. Era un poco obvio. Le dije: “No hagas nada por mí y por mi hermana que implique tu no felicidad“», recuerda Rocío.

Esa noche, los papás de Rocío hablaron con ella, le dijeron que era una niña muy madura y le anunciaron que iban a divorciarse: «Me quedó un poco más claro que ellos evidentemente nada más estaban juntos para no lastimar a mi hermana y a mí».

Los papás se separaron, pero todo en plan amistoso; cuando el papá se fue de la casa, la mamá de Rocío fue quien le decoró su departamento nuevo.


¿Cómo fue que la mamá salió del clóset?

Sucedió un par de años después, en el Día del perdón, que es un ayuno que se hace en el judaísmo, según me explicó Rocío.

«Es un día de reflexión por las promesas que haces, las que te hicieron; perdonar, perdonarte a ti por las promesas que hiciste y no cumpliste. Yo tenía 17,18 años. Fuimos mi mamá, mi hermana y yo a comer a un restaurante de sándwiches. Mi mamá nos dijo: “Quiero aprovechar el Día del perdón para decirles que he callado”. Y mi hermana en ese momento le dijo: “No lo menciones, no lo digas, por favor. No lo digas“. Mi mamá puso una cara de ‘no mames’ y yo me sentía atrapada; yo quería apoyar a mi mamá pero sentía que si la apoyaba también mi hermana iba a saber que yo era gay. Lo único que pude hacer fue agachar la cara. Ya no pedimos de comer. Nos fuimos. Obviamente yo no podía dejar de llorar al escuchar a mi mamá llorando».

Después de ese incidente, Rocío le escribió una carta a su mamá pidiéndole disculpas por no haberla apoyado.

«Le escribí una carta enorme por haber callado, por haber agachado la cara, diciéndole que obviamente la acepto, la amo y la adoro. Fue cuestión de muy poco tiempo cuando la familia se acomodó de nuevo. Mi hermana lloró y demás pero realmente al final fue algo muy bonito. Nos empezamos a llevar muy bien con su novia, ya era abiertamente su novia. Hoy se ha vuelto algo muy abierto, es muy fácil la convivencia. Hasta mi hermana le da consejos de amor a mi mamá. Cada año, cuando es el Día del perdón, le regalo a mi mamá algo simbólico parar volverle a pedir perdón por ese día.


¿Qué consejo le daría Rocío a otras mamás que están casadas pero quieren salir del clóset?

«Les diría que al final el amor gana. Por lo menos en mi familia. Creo que hemos sobrepasado absolutamente todo. Hoy en día mis papás son los mejores amigos. Se aman, se adoran. Si es mi cumpleaños vamos los cuatro a comer juntos. Yo creo que el amor puede absolutamente sobre cualquier cosa. Siempre se encuentra la manera de estar bien. Mi consejo es que confíen. Las cosas pueden salir bien o mal, pero al final siempre es peor la tormenta que se hace uno internamente. Es mucho más triste no vivirlo, quedarse encerrado en “no lo viví”».

¿Qué consejo le daría Rocío a l@s hij@s de mamás que salen del clóset? «Les diría: “No mames, es tu mamá. Así como tú puedes ser feliz y tienes derecho a ser feliz, también ella. L@s hij@s luego nos tomamos un papel donde los papás tienen que ser perfectos para nosotros y no; un papá perfecto no es un papá feliz. No hay nada en el mundo que pida más que mi mamá esté feliz, que mi familia esté unida y que estemos todos bien. Creo que partiendo del amor se pueden lograr bastantes cosas».


jueves, 3 de mayo de 2018

¿Qué harías si descubres que tu mamá es lesbiana?





¿Qué harías si te das cuenta de que tu mamá es lesbiana? ¿Le dirías a tu papá? ¿Te atreverías a tocar el tema?

Rocío iba en tercero de secundaria cuando empezó a darse cuenta de que algo sucedía en la relación de sus padres y, más específicamente, con su mamá.

«He de haber tenido 15,16 años. Mi mamá tenía una mejor amiga que se quedaba mucho a dormir y con la que convivía muchísimo. Mis papás seguían casados pero dormían en cuartos separados bajo el pretexto de que mi papá o mi mamá roncaba, no recuerdo bien quién de los dos. Nunca hubo pleitos ni nada como para decir que se llevaran mal, pero simplemente la presencia de esta mejor amiga era cada vez más».

No solo Rocío se daba cuenta de que algo sucedía, su hermana mayor, quien tenía 17, 18 años en ese entonces, también lo notó.

«Una vez mi hermana me dijo: “Siento que esta vieja es novia de mamá. ¿Qué harías? ¡Me muero!“. Yo estaba en una posición difícil, por un lado, porque yo también ya sabía que era gay, pero no había salido del clóset todavía, y por otro, oír las cosas que opinaba mi hermana al respecto hacían que menos quisiera salir de clóset. Yo intentaba apoyar a mi hermana pero siempre le dije que no quería hablar del tema».

Un día, Rocío iba en el coche con su papá. No pudo contenerse y le preguntó si era feliz

«Me dijo: “Sí, ¿por qué?”. Yo le contesté: “Nada más quiero que sepas que tienes derecho a ser feliz”. Yo me imaginaba que también mi papá ya sabía. Era un poco obvio. Le dije: “No hagas nada por mí y por mi hermana que implique tu no felicidad“», recuerda Rocío.

Esa noche, los papás de Rocío hablaron con ella, le dijeron que era una niña muy madura y le anunciaron que iban a divorciarse: «Me quedó un poco más claro que ellos evidentemente nada más estaban juntos para no lastimar a mi hermana y a mí».

Los papás se separaron, pero todo en plan amistoso; cuando el papá se fue de la casa, la mamá de Rocío fue quien le decoró su departamento nuevo.

¿Cómo fue que la mamá salió del clóset?

Sucedió un par de años después, en el Día del perdón, que es un ayuno que se hace en el judaísmo, según me explicó Rocío.

«Es un día de reflexión por las promesas que haces, las que te hicieron; perdonar, perdonarte a ti por las promesas que hiciste y no cumpliste. Yo tenía 17,18 años. Fuimos mi mamá, mi hermana y yo a comer a un restaurante de sándwiches. Mi mamá nos dijo: “Quiero aprovechar el Día del perdón para decirles que he callado”. Y mi hermana en ese momento le dijo: “No lo menciones, no lo digas, por favor. No lo digas“. Mi mamá puso una cara de ‘no mames’ y yo me sentía atrapada; yo quería apoyar a mi mamá pero sentía que si la apoyaba también mi hermana iba a saber que yo era gay. Lo único que pude hacer fue agachar la cara. Ya no pedimos de comer. Nos fuimos. Obviamente yo no podía dejar de llorar al escuchar a mi mamá llorando».

Después de ese incidente, Rocío le escribió una carta a su mamá pidiéndole disculpas por no haberla apoyado.

«Le escribí una carta enorme por haber callado, por haber agachado la cara, diciéndole que obviamente la acepto, la amo y la adoro. Fue cuestión de muy poco tiempo cuando la familia se acomodó de nuevo. Mi hermana lloró y demás pero realmente al final fue algo muy bonito. Nos empezamos a llevar muy bien con su novia, ya era abiertamente su novia. Hoy se ha vuelto algo muy abierto, es muy fácil la convivencia. Hasta mi hermana le da consejos de amor a mi mamá. Cada año, cuando es el Día del perdón, le regalo a mi mamá algo simbólico parar volverle a pedir perdón por ese día.

¿Qué consejo le daría Rocío a otras mamás que están casadas pero quieren salir del clóset?

«Les diría que al final el amor gana. Por lo menos en mi familia. Creo que hemos sobrepasado absolutamente todo. Hoy en día mis papás son los mejores amigos. Se aman, se adoran. Si es mi cumpleaños vamos los cuatro a comer juntos. Yo creo que el amor puede absolutamente sobre cualquier cosa. Siempre se encuentra la manera de estar bien. Mi consejo es que confíen. Las cosas pueden salir bien o mal, pero al final siempre es peor la tormenta que se hace uno internamente. Es mucho más triste no vivirlo, quedarse encerrado en “no lo viví”».

¿Qué consejo le daría Rocío a l@s hij@s de mamás que salen del clóset?

«Les diría: “No mames, es tu mamá. Así como tú puedes ser feliz y tienes derecho a ser feliz, también ella. L@s hij@s luego nos tomamos un papel donde los papás tienen que ser perfectos para nosotros y no; un papá perfecto no es un papá feliz. No hay nada en el mundo que pida más que mi mamá esté feliz, que mi familia esté unida y que estemos todos bien. Creo que partiendo del amor se pueden lograr bastantes cosas».

Si ustedes también han vivido la experiencia de que su mamá —o papá— haya salido del clóset, cuéntennos en la sección de comentarios.