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"La homosexualidad no es enfermedad, la homofobia sí"
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jueves, 23 de agosto de 2012

¿Medalla de oro contra el machismo y la homofobia?


Hoy que aún saboreamos la medalla de oro de la selección de futbol en la reciente Olimpiada de Londres, cabe una pequeña reflexión sobre nuestra actuación como afición mexicana.

Durante los partidos de futbol donde juega la selección nacional o equipos mexicanos, entre ellos la final olímpica en Wembley, se ha vuelto común escuchar sin desparpajo el ruidoso grito de “¡puto!”. Miles y miles de aficionados en los estadios de México, y en el extranjero, lo repiten efusivamente cada vez que el equipo contrincante lanza un tiro libre, cuando un árbitro anula un gol o simplemente cuando el portero rival hace un despeje. Arropada con sus prejuicios, parece que la audiencia vigila desde las tribunas -quizás sin saberlo-, que el desempeño en la cancha sea “viril”, criticando a sus adversarios, que “no juegan como hombres” o “parecen mujercitas” cuando defienden los colores de sus clubes deportivos o sus países.

El grito de “puto” -al igual que “maricón”, “joto”, “puñal”, etc.- es expresión de desprecio, de rechazo. No es descripción ni expresión neutra; es calificación negativa, es estigma, es minusvaloración. Homologa la condición homosexual con cobardía, con equívoco. Pero es también una forma de equiparar a los rivales con las mujeres, haciendo de esta equivalencia una forma de ridiculizarlas en un espacio deportivo que siempre se ha concebido como casi exclusivamente masculino. El sentido con el que se da este grito colectivo en los estadios no es inocuo; refleja la homofobia, el machismo y la misoginia que privan aún en nuestra sociedad. Leonardo Cuéllar, director técnico de la selección femenil de futbol ha descrito cómo la técnica, los hábitos, o la condición física han sido factores muy complejos cuando las mujeres juegan este deporte, pero que lo más difícil son las barreras de los prejuicios.

Bajo recurrentes insultos y gritos, algunas “porras” o “barras” utilizan burda e impunemente un lenguaje y simbolismos cargados de estigmas y prejuicios contra la diversidad por tono de piel, nacionalidad, apariencia y preferencia sexual. Las expresiones racistas, clasistas, xenofóbicas, machistas y homofóbicas buscan descalificar, intimidar, negar, reducir y anular a sus rivales, equipos, entrenadores, afición o árbitros. Son incluso utilizados estratégicamente dentro de la cancha para tratar de desequilibrar, desconcentrar y sacar de balance a jugadores del equipo contrario. Ello es cómo celebrar los autogoles, los que se anotan contra la igualdad, y celebrar festivamente la intolerancia y el juego sucio.

Lamentablemente hemos sido testigos en muchas ocasiones de situaciones y expresiones generadas en la cancha y tribuna que se convierten en espirales de violencia, bajo el pretexto de una mal entendida afición que raya en el fanatismo. Cuando algo así sucede, las víctimas siempre son las personas más débiles. No son los directivos, ni las grandes estrellas, ni quienes controlan las porras. Lo que sucede en la cancha, y en la tribuna, no se queda ahí, como lo creen vehementemente muchos de quienes participan en este deporte.

El mundo del balompié ha sido históricamente manifestación popular de una cultura que aún decreta y asume la heterosexualidad como “superior”, cuya norma visible u oculta niega y ataca a la homosexualidad y a todo lo que se supone ella representa. Al ser parte de una cultura deportiva, socializada a través de los medios, ninguna persona está libre de discriminar o ser discriminada. Nadie escapa de la posibilidad de cometer o avalar -por acción, negación u omisión- acciones o expresiones que manifiesten la desigualdad de trato. Minimizar o negar un acto discriminatorio, disfrazándolo de ser “parte de un juego y de sus reglas, usos y costumbres” es aceptar la cultura de la discriminación como “normal o natural”, cuando no sólo no lo es, sino que además es ilegal e injusta. Es impulsar a gritos de “¡puto!” su legitimidad.

En México, de cara al Torneo Apertura 2012, la Federación Mexicana de Futbol presentó el pasado 16 de julio, el nuevo Código de Ética para el futbol mexicano, cuyo artículo 6º precisa: “Todo aquel involucrado, directa o indirectamente, con la FMF y/o sus integrantes, deberá respetar la dignidad de las personas y abstenerse de llevar a cabo cualquier acto discriminatorio por razones de género, raza, origen étnico, nacionalidad, opinión política, clase social, posición económica, religión, lengua o idioma, preferencia sexual o discapacidad”.

En los últimos días se han dado una serie de casos en donde sí se la importancia debida a la expresiones discriminatorias. Entre ellos, el defensor internacional inglés del Manchester United, Rio Ferdinand, fue multado por la federación inglesa a pagar 57 mil euros por un comentario racista publicado en Twitter contra el jugador del Chelsea Ashley Cole. O en los últimos Juegos Olímpicos, el joven futbolista suizo Michel Morganella fue expulsado por emitir un comentario racista en su cuenta de twitter, luego de que su equipo cayera 2-1 frente a Corea del Sur. Según Gian Gill, jefe de misión, Morganella “discriminó, insultó y violó la dignidad del equipo surcoreano de futbol y la de los coreanos”. Una semana antes, sucedió algo parecido con la atleta griega Voula Papachristou, por haberse expresado despectivamente de las personas migrantes africanas.

Esa misma ha sido la línea de la Federación Internacional de Futbol (FIFA), de los organizadores de la más reciente Copa América, y de federaciones nacionales como las de España, Argentina, Inglaterra o Bélgica, que han actuado en consecuencia estableciendo límites claros y sanciones contra equipos o contra la afición, y promoviendo acciones para incidir en la cultura deportiva. Baste decir que la única expresión permanente de la FIFA es contra el racismo y la intolerancia, a través de la campaña “Di no al racismo”, para combatir las conductas que injurian a personas por su tono de piel u origen étnico o nacional, ya que este problema se ha agravado en la actualidad, en donde el futbol se ha globalizado como nunca antes.

Los Estatutos de la FIFA, que deben observar todas las asociaciones y sus respectivos miembros, en su artículo 3 indica: “Está prohibida la discriminación de cualquier país, individuo o grupo de personas por su origen étnico, sexo, lenguaje, religión, política o por cualquier otra razón, y es punible con suspensión o exclusión”.

En Argentina, desempeña un gran papel el Observatorio de la Discriminación en el Futbol, que busca prevenir y analizar situaciones discriminatorias en este deporte. Con su labor, promueven el respeto y reconocimiento de la diversidad, realizando seguimiento y análisis sobre las conductas, contenidos y comentarios que incluyan cualquier discriminación, prejuicio, burla, agresión y/o estigmatización a distintos grupos o sectores de la población: aficionados, mundo del deporte (jugadores, técnicos, árbitros, etc.), periodistas, dirigentes de clubes y asociaciones de futbol. “El racismo, la xenofobia, la desigualdad de género y otras prácticas discriminatorias -dice el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi)- son una forma de violencia que no debe tener cabida en la sociedad, y el deporte tiene una importante función en la promoción de valores como el respeto mutuo, la diversidad, la deportividad y la no discriminación entre las personas”.

En México, los clubes de futbol podrían fortalecerse mucho como instituciones si desarrollasen acciones para atacar la discriminación dentro de sus espacios, y también proyectándose a la sociedad para influir positivamente en las canchas de escuelas, colonias y barrios, en zonas rurales y urbanas, desde la convivencia cotidiana. El futbol es un deporte que apasiona y hace soñar a mucha gente, muy especialmente a las y los niños, adolescentes y jóvenes, a nivel amateur, aficionado, o profesional.

Aprovechemos la oportunidad que nos da este deporte, que es el que más se ve y practica en México, para que más mexicanas y mexicanos logren unirse y entretenerse y competir apasionadamente por un México de una forma igualitaria y justa, en donde no tenga cabida a homofobia, ni el sexismo, o el clasismo. “Sí, el futbol tiene la magia-virtud de convertir la victoria de 11 en la de 112 millones”, como dice Genaro Lozano, seguro que podremos ganarle desde las tribunas a la discriminación por goleada, democrática y festivamente. El reto inmediato comienza en nuestras propias casas, mientras vemos los programas deportivos.

Comencemos la goleada erradicando el grito de “puto” de las canchas y de nuestra cultura social. Buscar eliminar esta práctica no es tratar de coartar la libertar de expresión, sino evitar la normalización del sexismo, machismo y homofobia, entendiendo que el ejercicio pleno de toda libertad, tiene que hacerse en el respeto a los derechos de los terceros, sin discriminación.

Por: Ricardo Bucio Mújica (@ricardobucio), Presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED)

Fuente: Animal Político.

lunes, 20 de agosto de 2012

El medallista Iván García, de cara a la homosexualidad

Iván García, clavadista mexicano y ganador de medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, ha recibido cientos de felicitaciones por este hecho; no obstante, la población ha manifestado expresiones de descalificación hacia el medallista por su comentario escrito en su cuenta de Twitter en el cual señala: “para esas personas que piensan y me dicen gay, la verdad no, ni al caso…100% hombre. ha ha”.

La posición de quienes critican a Iván García puede ser ambivalente, de dos caras, por un lado, se le vitorea, se le reconoce, por el otro, se le trata de homófobo. No deseo polemizar, sólo pretendo compartir algunos comentarios sobre estos hechos; primero, debo respetar todas y cada una de las expresiones publicadas en Twitter, son responsabilidad personal de los que por ese medio se pronunciaron, es decir, son sus dichos y su derecho a la libre expresión que reconoce nuestro marco jurídico (siempre que esta no afecte a terceros y no discrimine).

De esta manera, Iván García, es producto de una sociedad que discrimina y excluye a personas que por su orientación sexual o por su identidad sexo-genérica, tienen un comportamiento no aceptado por la norma social hegemónica; esta visión excluyente y limitante al ejercicio de la sexualidad es, como tal, irracional e injustificada, basada en estigmas (marca física, social o cultural que hace que una persona aparezca como diferente y descalificada), estereotipos y prejuicios (adopción irracional a comportamiento negativo hacia una persona en particular) que no permiten la inclusión y la pluralidad y violentan los derechos humanos. El medallista olímpico, apenas rebasa los 18 años, y en cascada le llegaron los reflectores mediáticos. Hoy, es una figura pública.

Fue formado para competir y ser el mejor; tal vez, no lo puedo asegurar, no se le explicó lo que significa el triunfo y cómo manejarlo. Por otro lado, el joven Iván, seguramente, ha sido formado bajo contenidos educativos de una sexualidad reproductiva y no sexo-afectiva; esta educación enseña una cultura patriarcal, sexista, de sometimiento, reforzado en la escuela, el hogar y la Iglesia. Recordemos que el heterosexual se ha formado como tal, ha sido educado desde la infancia para asumir el papel que le permitirá tener éxito en un mundo heterosexual y para despreciar a lo diferente, a lo homosexual.

De esta manera la heteronormatividad se sustenta en los estereotipos de género, que son concepciones y modelos sociales de cómo deben actuar mujeres y hombres. Así los hombres deben ser masculinos y cumplir con su rol de género asignado socialmente: ser proveedores, se les releva de lo emocional y se les exige confianza, seguridad y VIRILIDAD, al tiempo que se les señala la vestimenta “masculina” adecuada, y se les atribuyen características estereotipadas como ser independientes, racionales, agresivos, dominantes y activos. Por ello, no me extraña esa respuesta del medallista olímpico sobre su condición sexual, considero que respondió conforme a su formación; por ello, el primer aspecto a comentar es ¿qué hacemos como sociedad para evitar estos comentarios que agreden y socavan los derechos de los homosexuales? Y que tienen disgustados a cientos de personas de la comunidad gay.

No obstante y por otro lado y como lo asienta Marina Castañeda, en su libro La Experiencia Homosexual, ¿un hombre que tiene relaciones con otro hombre deja de ser hombre?, ella responde, los heterosexuales dirían que sí, lo que significaría que, al menos en la cultura popular, ser homosexual es ser “menos hombre”; en este sentido nos obligaría a negar que realizamos contactos sexuales con otros hombres para evitar vernos como “menos hombre”.

Nadie que debe legitimar su sexualidad heterosexual diría que es homosexual. Otra reflexión es porque preguntarnos sobre nuestra orientación sexual (homosexual o heterosexual) o porque precisar frente a los demás que no tenemos una orientación homosexual, por qué hacerlo, cuando menos para el que escribe, plantea reflexionar que se percibe como una anormalidad o deficiencia. Esto es, una persona sana, no se cuestiona porque está sana, pero una persona enferma continuamente se preguntará porque lo está. Otro asunto que también cabe mencionar, son los resultados de la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2010 (ENADIS 2010), que dejan mal parados a quienes no cuentan con una orientación sexual hegemónica.

La ENADIS 2010, presenta resultados como el que: tres de cada diez personas no estarían dispuestas a permitir que en su casa vivieran personas que viven con VIH/sida; siete de cada diez personas no heterosexuales señalan estar totalmente de acuerdo y de acuerdo en parte en que en México no se respetan los derechos de las personas homosexuales y bisexuales; cuatro de cada diez personas no estarían dispuestas a permitir que en su casa vivieran homosexuales; 3 de cada diez personas entre 18-29 años consideran positivos que la sociedad esté compuesta por personas con diferentes orientaciones sexuales, además de que cuatro de cada diez personas señalan que las preferencias sexuales dividen a la población. Por otro lado, la homofobia refleja cómo ha establecido la sociedad patriarcal una distinción entre lo que se considera “normal”, aceptado como sexualidad sana, y lo que considera “anormal”, con lo que se conceptualiza a la homosexualidad como una sexualidad enferma, equivocada o problemática (Guía para la Acción Pública contra la Homofobia)

No critico a Iván García, tampoco lo justifico, eso solo él lo puede hacer, yo deseo expresar que todos estos comentarios nos deberían hacer reflexionar diversas situaciones:

Primero, ¿qué tanto hemos avanzado los activistas de diversidad sexual en la instrumentación de proyectos a favor de crear y desarrollar la conciencia social en la población para sensibilizar y permitir que más población respete las libertades sexuales?, no sólo por este asunto, sino por los cientos que vemos a diario. 

Segundo, ¿qué tanto han permeado las actuales políticas públicas y sus marcos normativos para evitar la discriminación, y los procesos de exclusión y rechazo a quienes no logran legitimar la dicotomía de la sexualidad aceptada socialmente? ¿están funcionando?

Tercero, este comentario “para esas personas que piensan y me dicen gay, la verdad no, ni al caso…100% hombre. ha ha”, realizado por un joven al que se la preparado para un ejercicio físico, para competir, para ganar, ¿debe opacar su triunfo? Los comentarios realizados en Twitter plantean que debería de conocer, de saber, de entender, de comprender, y otros verbos más sobre razonar acerca de la sexualidad? pero ¿todos las y los mexicanos sabemos de sexualidad? ¿no será un linchamiento innecesario? ¿por qué sólo exigirle a él, cuando a diario, hay quienes no sólo expresan ese rechazo sino ejercen crímenes de odio por homofobia?

Concluyo, creo que como organización de la sociedad civil deberíamos exigir a las autoridades diseñar y aplicar un modelo educativo científico sexual integral laico, donde se trate y aborde desde la educación básica estos contenidos, tal y como en su momento fue suscrito en la Declaración Ministerial de la Ciudad de México “Prevenir con Educación” en 2008. Felicito a Iván García por su triunfo, y lo invito a que reflexione sobre su comentario, a que revise la importancia de reconocer en las diferencias la gran oportunidad que tenemos de riqueza social, pero igual de reconocer que aunque diferentes, todas y todos con los mismos derechos.

Por: Gerardo A. Herrera.
Fuente: La Región.