¿Enamorada de mi mejor amiga? Relato de la vida real.... y tú, ¿te has enamorado de tu mejor amiga?


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jueves, 28 de enero de 2021

MI HISTORIA DE AMOR: "TODA LA VIDA CON HOMBRES HASTA QUE LLEGÓ ELLA Y LO CAMBIÓ TODO"

 


Tengo 39 años, realmente casi 40, me faltan un par de meses, pero aún no, así que no adelantemos los acontecimientos.


Este año he conocido a mi chica, mi tesoro, mi inspiración y una total e indiscutible ayuda para todo. La primera relación seria la tuve a los 19 años, mi segunda relación importante es esta, que trajo a este mundo a mi princesa y hubo algunas más, pero eso sí, todas sin excepción con hombres.


Hasta que llegó ella y puso mi mundo patas arriba, ya nada era tal como pensaba, o era lo “normal” y lo “habitual” en mi vida. Ha sido un "de repente", un "por qué no", un "quiero saber", un "me encanta". “De perdidos al río”, pensé.


Vivimos en el mismo pueblo costero, nos habíamos cruzado en más de una ocasión, pero yo nunca sospeché nada. Y llegó el día. Me habló por una red social (luego me enteré que lo tenía planeado desde la primera vez que me vio comprando ensaimadas para desayunar) y fui valiente, muy valiente de decirle: "Ven a verme en 15 minutos". Y apareció, tan guapa, tan ilusionada y curiosa como yo, sus ojos y su sonrisa me lo dijeron todo, me enamoraron a primera vista.


En ese momento me di cuenta que no podía dejarla escapar, que ahora valía la pena todo, que lo que sentí no se podía desperdiciar. El primer beso... bueno, cómo si la hubiera estado besando toda la vida, pero es otra historia. Puede que me atreva a contarla en otra ocasión.


Bueno, podría hablar horas y horas, pero lo importante que desde ese día todo obtuvo sentido, todo se puso en su lugar. ¡EUREKA! Me he enamorado de una mujer.


Yo, que siempre he tenido montones de hombres ansiosos de mi compañía, yo que nunca en mi vida pensaba ni siquiera en la remota posibilidad de tener una relación lésbica. Allí estaba rompiendo esquemas y reinventando mi futuro. Y feliz.


Mi novia, mi prometida, mi vida me ha aparecido de repente... El tiempo dirá, la vida es impredecible, pero a la vez sorprendente y sabia. Crean en las señales, abran los ojos a la vida y no dejen pasar las oportunidades que se presentan.


miércoles, 20 de enero de 2021

DE NOVIO A NOVIA. MIS EXPECTATIVAS Y LA REALIDAD

 


¿Tú también pasaste de un novio a una novia? ¿También tenías expectativas? Te cuento las mías...


¡Que genial! ¡Ahora todo será más fácil! Ella seguro que me entenderá mejor. Claro, es mujer como yo. ¡Por fin!


Basta de explicaciones sin sentido, de que no capten mis indirectas o mi silencio. Y mi querido "no me pasa nada" ya nunca será una frase tranquilizadora, sino se aceptará como tal "estoy molesta, la has cagado, pero no quiero hablarlo, tienes que deducirlo tú".


¡Y la ropa! ¿Tendré el doble de armario? Seguro que iremos juntas de compras y a ver esta peli romanticona.


¡Y lo más importante! ¡Será mi mejor amiga!


¿Les suena algo de eso? Pinta bien, ¿a que sí? No sé si alguna ha conseguido todo eso, ¡ojalá!, pero la realidad no es exactamente así.


He hecho los deberes y he leído y visto mil historias sobre "las ventajas y desventajas de ser lesbiana". 


Aquí y ahora intentaré confirmar o desmentir algunas de ellas.


Las que nos hemos puesto a investigar el tema, nos hemos cruzado con innumerables listados de " Ventajas y desventajas de ser lesbiana"... Como si una pudiera elegirlo y eso pudiera ayudarle a decidirse.


Pero bueno, allí hay verdades y mentiras, las que una persona ajena no reconoce.


1. Sexo. Antes de empezar: ¡Verdadero! El sexo es "más mejor". Tu pareja sabe mejor donde y cómo tocarte, no necesita recuperarse 15 o más minutos/horas para seguir. El sexo puede durar hasta que se cansen, hasta que se desencaje la mandíbula, hasta que se gasten las huellas dactilares. Y que puedo decir de lo suave y sedoso que es el cuerpo de una mujer. Es todo un placer acariciar su cuerpo, besar sus labios, oler su dulce aroma, acariciar sus pechos, pasar la mano por su espalda grabando en tu memoria cada curva de su cuerpo.


Y ¡Bingo! ella sabe donde está el clítoris. Y no olvidemos de ahorro en preservativos y tranquilidad ante "un embarazo indeseado".


A la vez, no nos olvidemos que igual que en una relación hetero, les pueden gustar cosas diferentes, o simplemente ella "no sabe hacerlo bien". Las hay también, se los aseguro.


2. Armario: ¡Falso! Primero, nadie te asegura que tengan la misma talla. Y, segundo, en caso de que lo sea, lo más probable es que te encuentres en la situación de "esta noche me pongo este conjunto, pantalón, falda, sujetador, etc...” y ya esté ocupado.


3. Más celos - ¡Verdadero! Reconócelo, habrán visto eso más de una vez con lesbianas más celosas de lo normal. No sé decirles por qué pasa esto, puede que sea coincidencia, o inseguridades propias de cada una, no sé, pero el hecho es que en una relación lésbica humildemente creo que es más probable encontrarte con una novia celosa.


4. Será mi mejor amiga: ¡Falso! Es tu pareja, no tu amiga. Y la tratamos como tal. Es decir, puede ser la razón de tus dudas, enfados, lágrimas, sufrimiento. Si es así y damos por hecho que además es tu mejor amiga, se supone que vas a acudir a ella para llorar tus penas, ¿no?


Pero no, no puedes, si de la que te vas a quejar es de la misma persona. Para esto tienes a tu mejor amiga, no es compatible que tu pareja sea las dos cosas.


5. Tu entorno no lo acepta - Depende. Depende de muchos factores, donde vives, cómo es tu familia. Puede ser algo complicado al principio, ya que no todo el mundo tiene la mente abierta aún, pero las cosas se van relajando y al final llega la aceptación. ¡Ten paciencia!


6. Crear una familia es más complicado  Afortunadamente en México ya no, así que ¡Falso! Lamentablemente hay muchos países donde esta definición es cierta...


El matrimonio igualitario se legalizó hace unos ayeres, a partir de allí muchas parejas felices se han unido oficialmente y han recibido el estatus legal. 


Para mi estos 6 puntos son los más importantes. De todas maneras, partiendo de que aunque hubiera más "contras" que "pros", somos conscientes que ser lesbiana no es una elección, ninguno, aunque sea el más importante, el más complicado de solventar, podría desviarnos de nuestro camino.


Por: Olga Zhukovska


domingo, 20 de diciembre de 2020

LA HISTORIA DE LAS MONJAS QUE RENUNCIARON A SUS VOTOS POR SU AMOR -Trailer-

 


Marita Radovanovic y Fani Feric eran dos monjas croatas que compartían convento. Marita había llegado con 18 años de su Korcula natal. Fani venía de un pequeño pueblo al este y había llegado al monasterio con 23 años. Ya sabía que era lesbiana pero no lo aceptaba y trató de borrarlo.


Su día a día las convirtió en mejores amigas, lo que les hizo la vida mucho más apasionante. Pero dicha pasión seguía creciendo y rebasando los límites de la amistad. Sabían que se enfrentaban a muchas cosas: un amor que su religión no permite, su promesa de castidad y la dificultad de ser lesbiana en un país tremendamente homófobo.


Esta es la historia que cuenta "Nun of your businnes", el documental que habla de la lucha interna que vivieron ambas monjas para aceptar, y finalmente consumar, su amor. 


Not of your businnes significa "no es asunto tuyo". La directora, Ivana Marinic Kragic, cambia Not por Nun (monja), para titular con un juego de palabras esta bonita historia de amor.


"Ellas encontraron la fuerza de luchar por su amor, algo que en general no está aceptado en nuestra sociedad", ha explicado la directora croata, "es la historia de un amor inesperado e inusual que me sirvió para abordar la cuestión de la libertad individual".


Ivana sabe a lo que se enfrenta. Explica que muchos considerarán que ha rodado este film para provocar. Pero su intención es justo la opuesta: "Generar empatía en una sociedad conservadora, donde los grupos LGBTI suelen ser víctimas de abusos y discriminaciones".




EL DÍA QUE DESCUBRÍ QUE SOY LESBIANA. HISTORIA DE UNA LESBIANA TARDÍA

 


¿Te atreverías a iniciar a una “falsa hetero” o a una posible lesbiana que sigue escondida en el clóset? 


Nunca sabes a ciencia cierta si realmente es lesbiana y aún no se ha dado cuenta, o estamos “mareando” a una heterocuriosa. Creo que yo no sería capaz de "darle la vuelta" o mejor dicho ayudar a que se descubra. Dudo mucho que mi gaydar esté tan bien ajustado como para detectar el atisbo de interés por su parte.


Pero voy a parar. Es un tema para dedicarle un artículo completo. Adelanto que lo tendrás más adelante, el nombre que se me ocurre es "Vuelta a la tortilla. ¿Un don, o un reto?". Hoy hablaré de como lo vive “la hetera”, por ahora vamos a llamarla así.


Muchas de nosotras hemos estado en este lado. No todas hemos nacido con seguridad total de que somos lesbianas. Muchas y aquí me incluyo nos hemos dado cuenta de nuestras verdaderas preferencias en el transcurso de la vida. Y habíamos probado con hombres e incluso hemos sido felices. Bueno… "felices".


Y de repente llega EL DÍA.


Puede llegar acompañado de una preciosa mujer, o llegar solo. Lo importante es que ya está aquí reclamándote, mostrando eso que ansiabas conocer.


Tu mundo se pone patas arriba, se rompen todos los esquemas, se ponen en duda todas tus creencias y se anula tu total e indiscutible seguridad de tu forma de ser de ayer.


¿Les suena, curiosas?


No hay un "de repente", no hay un "he decidido cambiar de acera", no hay "ahora me gustan mujeres".


No nos auto engañemos, curiosas. El interés y la atracción hacia las mujeres siempre ha estado allí.


¡Hagan memoria! Aquel besito con una amiga, un abrazo algo más excitante de lo normal, el quedarte mirando con adoración a aquella mujer tan atractiva que pasaba, aquellos tonteos de besos y toqueteos que tuviste en aquel campamento, o de vacaciones.


La verdad es que nadie "se da la vuelta", o "cambia de acera" de repente, ni porque lo ha decidido ahora, ni porque los hombres nos han hecho daño.


Lo que realmente hacemos es descubrirnos, darnos cuenta por fin de lo que queremos. Simplemente nos gustan mujeres. Y ahora sí, nos espera el camino hacia nuestra felicidad, pero ante todo sin duda hay que pasar por varios etapas de crecimiento como lesbiana.


Primero y muy importante es Etapa de aceptación. Ya no hay lugar a dudas, ya lo tienes claro. Después llega Etapa de investigación. Google y Youtube son tus mejores amigos. Ya has tenido algún acercamiento, o incluso has empezado tu primera relación lésbica.


Y luego hay mil caminos y escenarios de cómo se puede desarrollar todo. Cada una tiene el suyo. Tú misma vas intuyendo y avanzando, probando, tropezando y, lo más importante, aprendiendo.


En muchos casos las etapas se mezclan, se desordenan, o tenemos que pasarlas casi a la vez. Ese es el caso cuando te descubriste gracias a que te ligó una lesbiana y "dio la vuelta a la tortilla". Ya saben a lo que me refiero... Allí desde el día 1 vas creando una relación de pareja y te toca, ¡se siente!, aprender todo sobre la marcha.


Y allí nos acercamos a lo más temido por todas y cada una.


"Salir del clóset"....


Puff.... Vaya tarea! ¿Cómo hacerlo? ¿Qué pensarán? ¿Cómo se lo explico a mi familia? ¿Y si tengo hijos? Incluso algunas aún están en el matrimonio y con hijos.


Ahora, espero que no les importe, me voy a permitir dar un consejo a las curiosas que están en esta situación concreta. Y que me perdonen sus maridos...


Primero, estate segura que es tu camino y que estás dispuesta a luchar si llegara el caso (ojalá no). Creo humildemente que antes de nada hay que gestionar la separación/el divorcio, arreglar los papeles y luego ¡Sal del clóset!


Especialmente, creo, esto se podría aplicar a casos cuando hay niños por el medio. No te incito que mientas, eso nunca, solo que te asegures no tener más problemas de los que de por si van a surgir por el camino. Todo eso hay que hacer con el máximo respeto y pensando también en la gente que está implicada. Puede que no parezca justo, o parezca un engaño, pero sabemos que la sociedad aún es algo inflexible y tú, curiosa, te tienes que proteger. Por lo menos por si acaso.


En cualquier caso… ¡No des por hecho que tu gente se dará cuenta sola! Cuando estés preparada, lo tienes que decir tú. A la vez, hazles entender que sigues siendo la misma y este cambio no influye en tus relaciones.


Sé paciente y prepárate a responder a las "preguntas típicas".


No te enfades, también es nuevo para ellos.


¡Recuerda! Tu entorno también tiene que atravesar la Etapa de Aceptación.


lunes, 8 de julio de 2019

Salir de la heterosexualidad y vivir lesbiana- la historia real de una chica





A los 6 no podía creer que mi compañerita Stephanie fuera tan hermosa y creativa que me daba tristeza cuando no venía a clase.

A los 12 me encontré preguntándome cómo es que todas tenían la seguridad de que les gustaban los hombres mientras veía a Aura sonreír.

A los 16 besé por primera vez a una mujer, Clara, una compañera de la prepa a quien quise mucho.

A los 21 me encerraba en los baños de los bares universitarios a besarme con mis amigas.

A los 23 conocí a Gloria y a los 24 tuvimos ambas nuestra primera relación sexual lésbica, quiero decir que ambas nos supimos lesbianas al mismo tiempo, juntas.

A los 25 inicié mi primera relación amorosa con otra compañera con la que ahora no tengo comunicación.

Y a los 31 vivo con una compañera lesbiana con la que comparto besos también, aunque ahora me gusta pensar más en que es mi amiga en autonomía, que una novia.

Seguramente al leer esto crean de mí que siempre me supe lesbiana, temo decepcionarlas, me supe lesbiana para la mirada ajena bastante «tarde».


De los 15 a los 24 hubo hombres también en mi vida o más bien, ellos arrancaron mi vida en ese periodo. Hay un debate infructífero sobre si ser lesbiana “tardía” (pasados los veintes) o “femenina” (que usa cabello largo) implica una suerte de privilegio sobre la lesbiana de cabello corto (en inglés se le conoce como butch y tomboy) que valerosamente asumió su vida con mujeres desde más pequeña (antes de los veinte), mi respuesta es no, no encuentro el privilegio de haber sido violada por ser obligadamente heterosexual, sobre ser violada por lo que atrozmente se conoce como “violaciones correctivas” a lesbianas, y no hay tal “privilegio” porque todas somos mujeres.

Yo fui violada por muchos hombres en la época en que me creí que era heterosexual. Violada en mi casa, violada en mi cama, violada por conocidos, por desconocidos, violada en casas de desconocidos, violada por hombres varias décadas mayores que yo, mi cuerpo se destruyó en un periodo cuya época más dura fue de los 20 a los 24, por fortuna un periodo corto. ¿Es eso un privilegio? Si es así, tendríamos que repensar qué estamos entendiendo por pensamiento feminista.

La violación cotidiana heterosexual es como dijo Loba Franca en una sesión colectiva de análisis del patriarcado que tuvimos entre muchas compañeras: “una estrategia de shock milenaria de los hombres contra el cuerpo de las mujeres”, de mutilación, de daño, de destrucción, en ese par de años me usaron de estandarte de la liberación sexual y yo amanecía con marcas en mi cuerpo, con infecciones urinarias y con falta de apetito.

Pero mi cuerpo es sabio y lo supe escuchar a tiempo, un buen día la necesidad de estar a solas fue ensordecedora, por esa época además vivía con mi hermano, pero ya estaba cansada de cuidarlo, así que me mudé a un pequeño departamento de lesbianas en el centro de la ciudad, una compañera me prestó una cámara de fotos y comencé a fotografiarme, las piernas, los muslos, la nariz, mi panza, mis manos, me detuve a observarme. Esos días, ahora entiendo, mi cuerpo me reclamaba tranquilidad, por fortuna me hice caso, es que la sabiduría es intuitiva porque es ancestral. Una de las primeras cosas que hice fue ocultar mi dirección a los hombres, era secreta, era mi tiempo, no estaba en casa para ellos, los borré.

Por ese tiempo me encontré con un par de amigas lesbianas, de eso ya he hablado antes, muchísimo en otros textos, una de ellas, Selene, fue quien me enseñó entre risas, porque siempre fue una broma abierta, el término “lesbiana conversa”.

Según recuerdo surgió porque por esos años ella hablaba tantísimo de la posibilidad de ser lesbiana que sus amigas la molestaban llamándola algo así como evangelizadora, por lo que ella hábilmente remató respondiendo que sí, que ella misma se había “convertido” al abandonar su vida heterosexual, cuando ella me lo compartió se me cimbró la vida, meses después yo lo suscribí y por eso lo usé algún tiempo.

Años después, en 2017 empecé a dejar de emplear el término «lesbiana conversa» (como se registra aquí o aquí) y definitivamente a inicios de 2018 lo saqué de mis palabras cuando me encontré preguntándome cómo se originó el patriarcado y mis andares me llevaron lejos del concepto ya, aunque muchas conocidas lo siguieron usando por la amplia campaña que hicimos muchos años.



¿Una se puede “convertir”? 

Pienso que una puede elegir decir “no” a la mutilación que hacen los hombres de nosotras. Pero ahora, dadas las reflexiones que hemos hecho colectivamente entorno a las sociedades ginocéntricas, sé que nuestro origen es lésbico, el de todas las mujeres, absolutamente todas, y que el patriarcado se ha fundado en la idea de negárnoslo con la violencia de los hombres. Una puede elegir ser lesbiana porque una ya es lesbiana, una lesbiana censurada, una lesbiana mutilada, es decir, una mujer que cree de sí misma que es heterosexual es una lesbiana negada, pero puede dejar de negarse.

Cada año desde que se empezó a usar el término de mofa (lesbiana conversa), han arremetido mujeres de la diversidad señalando que si una se puede “convertir en lesbiana” entonces ellas se pueden “convertir en heterosexuales”, lo que sería darle la razón a la derecha. Como decía un párrafo arriba, una no puede convertirse en lo que los hombres quieren de nosotras porque eso no somos, nosotras somos la historia del encuentro corporal de mujeres presente y de miles de años atrás. Tan no pueden desaparecernos que las niñas juegan entre ellas con sus melenas despeinadas, trepan por donde quieren y se alejan de la feminidad impuesta de manera intuitiva, lo que pasa es que las van a adoctrinar con el paso de los años.

Otras críticas señalan que hablar de la posibilidad de ser lesbianas es borrarles su historia personal a las lesbianas que desde niñas asumieron con valentía su amor entre mujeres, lo cual no tiene sentido porque su historia es la historia de las mujeres. Si afirmáramos que no tienen una historia de mujeres, es decir, que su cuerpo no es sexuado de mujer, que no sobreviven como toda mujer a las violaciones, estaríamos partiendo del pensamiento patriarcal misógino que afirma que las lesbianas somos imitadoras de hombres o que nacimos con una patología, pero como nosotras sabemos y vivimos: las lesbianas somos mujeres.

Si me preguntan, ya no uso más “lesbiana conversa”, aunque ese término está en mi vida como una parte bella de mi historia que coincide con el llamado de mi cuerpo a escucharme, debo decir que en aquellos años la sensación corporal era francamente de «estarse convirtiendo», incluso, hace un lustro hice hace un rap que iniciaba así «me he estado convirtiendo en lesbiana», pero ahora entiendo que empezaba a resistir de manera consciente, a escuchar y amar mi cuerpo.

En mi presente simplemente digo que todas somos lesbianas, pero que algunas aún no se han dado cuenta, pero eso no lo inventé yo, lo decía Jill Johnston décadas atrás, me lo decía Karina aquí cerquita cada día desde que la conocí, me lo dice mi madre en la forma como habla de otras mujeres, me lo dicen las sonrisas de las niñas mientras se miran y se tocan sus manos, me lo dice el amor profundo que siento por mis hermanas.


Por: Luisa Velázquez

sábado, 6 de julio de 2019

Testimonios que te ayudarán a aceptar tu bisexualidad





¿Cuántas veces no hemos escuchado a personas asegurando que la bisexualidad no existe? Algunos afirman que se trata de una etapa de confusión o de indecisión. Otros más señalan a los bisexuales como personas gays o lesbianas que no se aceptan como tal y quieren «encajar» en la heterosexualidad. Lo cierto es que por estos y otros motivos, los bisexuales son uno de los grupos más invisibilizados dentro de la comunidad LGBT+.

Reconocer que tu orientación sexual es diferente a la «normal» —es decir, a la heterosexual— no siempre es sencillo. Especialmente si eres bisexual. Por tal motivo, si perteneces a este grupo y te cuesta aceptarte como tal, te compartimos estos testimonios de personas bi que también pasaron por lo mismo y hoy se sienten orgullosos de serlo.

Dos mundos diferentes

Para Daniel, el inicio de su vida sexual y sentimental le permitió conocer los beneficios de estar en «dos mundos completamente diferentes». Al principio, sus relaciones eran exclusivamente con mujeres. Sin embargo, al entrar a la universidad se dio cuenta de que también sentía atracción por lo hombres, por lo que se sintió confundido.

«Comencé mi vida con relaciones heterosexuales, aunque eran pocas y esporádicas. Cuando entré a la universidad tuve mi primer encuentro homosexual. Al principio fue por curiosidad; sin embargo, descubrí que también me era satisfactorio.

Pasaron algunos años y a mis 22 volví a entablar una relación con una mujer. Me sentí confundido porque pensaba que ya era gay. Estar con esta chica me gustó mucho. Fue diferente a estar con un hombre, pero igual de placentero para mí».

Fue así como Daniel se dio cuenta de que estar en «dos mundos diferentes» tiene sus pros, sus contras y sus complejidades (como toda relación). No obstante, todas le han resultado satisfactorias. Él reconoce que una de las ventajas de la bisexualidad es que se puede «desarrollar el lado gay o hetero» de una persona. Actualmente, Daniel se encuentra más cómodo con su lado gay, aunque no descarta entablar una relación con una mujer.



Amar sin importar el género

Sideth descubrió a temprana edad —a los 10 años— que una compañera de su escuela le parecía bonita. Por su puesto que a esa edad, la atracción por alguien de su mismo sexo le ocasionó una gran confusión, pues los hombres nunca dejaron de gustarle:

«Un día me di cuenta de que se me aceleraba el corazón y sentía algo en el estómago. Finalmente me di cuenta de que me gustaba y me confundí mucho. Siempre tuve conocimiento del término «homosexual». En ese momento pensaba que era lesbiana; sin embargo, nunca dejaron de gustarme los niños».

Para ella, el apoyo de sus amigos y el conocimiento del término «bisexualidad» fueron suficientes para aceptarse como tal. Desde que lo hizo público, ha aprendido a amar sin importar el sexo de la persona:

«A los 11 años conocí el concepto de la bisexualidad, con el que me sentí identificada. En ese momento me acepté como tal. Recibí un gran apoyo de mis amigos. Públicamente lo acepté a los 13 años y desde entonces he aprendido que puedo amar a las personas sin importar su género».


jueves, 3 de agosto de 2017

¿Crees que nadie te quiere? LEE ESTE TESTIMONIO DE UN CHICO GAY




“Siempre alejo a quien me quiere”, “no puedo confiar en nadie”, “causo problemas a propósito para ver si no se va”, “soy celoso e inseguro”, “no permito que alguien entre en mi vida”. Muchos de nosotros hemos pensado algo de esto en más de una ocasión, es natural. Sin embargo, si crees que nadie te quiere, te comparto mi experiencia, esperando que te sirva.


Aunque no soy psicólogo, más de una década de ir de chavo en chavo sí me ha enseñado a no ser impulsivo, a canalizar mis emociones, y a sentirme mejor. Pero callar la voz que me repetía “nadie te quiere” llevó años de práctica. Hace diez años lo hice todo, mandar mensajes de texto borracho en la madrugada, mentar madres, apps de ligue por despecho, llorar… Hoy soy suficientemente maduro como para no hacer tantas idioteces como entonces, y más importante, para sentirme más tranquilo.

Hoy decido sentarme a escribir esto para reconocer el camino que me trajo aquí. Hace unos meses terminó una relación de años debido a la distancia, y aunque desde entonces han habido unos cuantos candidatos nuevos, de todos no se ha hecho uno (uno no se decide, otro es confuso, otro es un acosador, otro es perfecto pero vive a algunos países de distancia, otro es un patán, en fin, ya los conocen). No obstante, hoy esa voz que dice “nadie te quiere” está jugando Candy Crush o algo así.

¿Entonces cómo he logrado regular mis emociones? Ansiedad, celos, pasión, ira, miedo, frustración… nadie es inmune, pero todos somos capaces de no hacer algo impulsivo. Cuando las sentimos, sobre todo al empezar o terminar una relación, creemos que el mundo gira alrededor de esos problemas, cuando no suele ser el caso. Saltar a conclusiones, confrontar, o lo opuesto, alejarse por completo, son precisamente las acciones que hay que identificar y evitar a toda costa. Tolerar y calmar estos sentimientos nos va a llevar a ser mejores en nuestras relaciones y a sentirnos mejor.

Las historias creativas con versos de Adele en nuestras cabezas son sentimientos que no necesariamente coinciden con la realidad (yo aún paso incontables noches en vela escribiendo estas novelas, pero me estoy esforzando por dejar de hacerlo, y lo que ya logré es evitar que afecten mi vida real, aunque sigan ahí). No podemos ser tan narcisistas como para pensar que todo sucede para hacernos miserables. Con frecuencia un poco de tiempo es todo lo que se necesita para solucionar problemas que siempre fueron bobos.

Ojo, no se trata de reprimir o ignorar los sentimientos. No podemos dejar de sentir, pero sí podemos controlar nuestras acciones (las cuales alimentan esos sentimientos). Se trata de identificarlos, y justamente cuando nos van a hacer explotar es cuando necesitamos un tiempo fuera, consultar con la almohada y ver el problema desde afuera. Se dice fácil, pero no es imposible. Hablar con ALGUNOS BUENOS AMIGOS SELECTOS puede ayudar, pero demasiadas opiniones es perjudicial y abrumador. Ya con la cabeza menos caliente, es momento de retomar la comunicación.

Algo que usualmente me ha funcionado es la terapia ocupacional, es decir, mantenerme tan ocupado como sea posible. Volver a ver amigos después de años, agotarme en el trabajo, un nuevo pasatiempo o aplicarme en el gimnasio son actividades que, además de alejar esas historias y sentimientos negativos, son productivas, porque “Es mejor ahogar las penas en sudor que en llanto”. Si el problema persiste, quizá sea momento de considerar la terapia profesional, la cual NO TIENE NADA DE MALO (de hecho creo que la mayoría tenemos problemas que se deben tratar en terapia, yo mismo en momentos extraño a mi psicoanalista).