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domingo, 12 de noviembre de 2017
lunes, 17 de abril de 2017
El amor sin tabúes entre sor Juana Inés de la Cruz y la virreina de México
Fue una niña prodigio y una mujer de portentoso talento. De madre criolla analfabeta y padre militar español, aprendió a leer a muy corta edad (cuentan que a los tres años) en el nada feminista siglo XVII y tuvo la osadía de consagrar su vida al estudio y la escritura y no a su marido y a su progenie. Para ello se hizo monja, primero carmelita y luego jerónima, no tanto por vocación divina como por necesidad de encontrar un espacio para sí misma y para dedicarse al conocimiento. Convirtió su celda en una gran biblioteca y en un punto de encuentro cultural. Fue una poeta intelectual, según Octavio Paz. Gracias a su determinación, la literatura tardía del Barroco, el Siglo de Oro de las letras en español, ganó una de sus escritoras más insignes y la lucha por la igualdad de las mujeres, a uno de sus referentes protofeministas. Fue Juana de Asbaje o Juana Ramírez, nacida en 1648 (puede que en 1651) en la población mexicana de Nepantla y fallecida en 1695 en la Ciudad de México, aunque muy pronto se la conoció como sor Juana Inés de la Cruz.
Ahora, un libro reúne algunos de sus poemas más íntimos. No se trata de una compilación al uso, sino una revisión de su obra a la luz del afecto mutuo que se profesaban la monja y la virreina de México María Luisa Gonzaga Manrique de Lara, condesa de Paredes, protectora de la escritora y promotora de su obra tanto en México como sobre todo en España. Un amar ardiente es el título de la obra, que la editorial Flores Raras lanza la próxima semana, bajo la coordinación de Sergio Téllez-Pon. Es el compilador de la antología poética que versa sobre los desvelos amorosos de una escritora que empezó a darse a conocer muy joven con composiciones religiosas.
"Muchos estudiosos y aficionados de la obra de sor Juana", escribe en la introducción Téllez-Pon, "han coincidido en que la relación entre la monja y la virreina fue más allá del «incienso palaciego» pero solo algunos se han dedicado a reunir o a publicar los poemas como testimonios de esa relación. Entre los pocos que lo han hecho, en España está Luis Antonio de Villena, quien seleccionó un romance (núm. 21) de la monja mexicana en Amores iguales. Antología de la poesía gay y lésbica' (La esfera de los libros, Madrid, 2002), sin embargo, en su nota de presentación De Villena no hace referencia a la pasión por María Luisa y tampoco es uno de los poemas más intensos o representativos de la relación entre la monja y la condesa".
Poeta, ensayista, crítico y editor, Sergio Téllez-Pon (Ciudad de México, 1981) responde por correo electrónico a algunas preguntas formuladas por este periódico a propósito de la publicación el 3 de abril de la recopilación de la obra de sor Juana Inés de la Cruz, en la que confluye la sociedad de la Nueva España, el culteranismo de Góngora y la influencia de Quevedo y Calderón.
Pregunta. ¿Cómo surgió su investigación? ¿Y cuál fue su propósito?

Respuesta. Surgió a partir de la muerte de Antonio Alatorre, eminente sor juanista y quien fue mi profesor en la universidad, específicamente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde junto con él leí la obra de sor Juana Inés de la Cruz. Él cuenta en su edición de 2009 de la Lírica personalde sor Juana que le habría gustado poner en un apartado todos los poemas que la monja le escribió a la virreina. Pero esto no fue posible porque no se lo permitieron en el Fondo de Cultura Económica (editorial mexicana). Así que yo retomé la idea y, en homenaje a él, lo hice pues, desde 1689 Francisco de las Heras, el secretario de la virreina y el primer editor de sor Juana, se propuso poner los poemas dispersos para que el lector no se pudiera dar cuenta bien a bien de cómo fue esta intensa relación. De manera que a lo largo de más de tres siglos no hemos podido leer esta veta de la poesía de sor Juana.
Mi propósito es invitar al lector que ya conoce la obra de sor Juana o que se acerca por primera vez, a que la lea sin una venda en los ojos, sin prejuicios ni tabús sexuales. Que lea cómo las relaciones humanas son lo mismo de apasionadas sin importar el género o la sexualidad de los enamorados.
P. ¿Cree que su visión sobre la relación amorosa y lésbica entre sor Juana Inés y María Luisa Gonzaga Manrique de Lara levantará ampollas entre la legión de seguidores de la escritora?
R. No lo creo, por fortuna, este tema ha sido estudiado por otros “sor juanistas”, lo que pasa es que esos estudios por lo general surgen en la academia, en las universidades, y allí se quedan. Lo que yo he hecho, por decirlo de alguna manera, es sacarlo del armario y sacarlo de las aulas y los cubículos de investigación. Ahora bien, para los muchísimos lectores de sor Juana será otra forma de leerla: justamente en eso consiste esta antología, en proponerle al lector otra forma de leer a la monja jerónima, sin espesos velos hagiográficos, es decir, haciéndola más humana, y por eso mismo sin prejuicios ni tabús sexuales. Estoy seguro de que así, leyéndola de forma más humana, sus innumerables lectores la sentirán más cerca y hasta más actual.
P. ¿En qué versos, en concreto, fundamenta su tesis?
R. ¡En muchísimos! Son casi 50 poemas dedicados o escritos tan solo para María Luisa pero va un ejemplo: [Lisi es uno de los nombres con los que sor Juana Inés de la Cruz se refería a la virreina]
"Yo adoro a Lisi, pero no pretendo
que Lisi corresponda mi fineza;
pues si juzgo posible su belleza,
a su decoro y mi aprehensión ofendo.
En ese soneto, sor Juana deja claro que ama a la condesa, no importa si es correspondida o no, pero le expresa su sentir y, sobre todo, sabe que este amor no puede ir más allá porque para que el deseo se mantenga vivo no debe realizarse, su consumación sería su propio fracaso. Es un tópico poético muy usado por los poetas: obstinarse en no saciar la sed, viajar sin llegar al destino, como Ulises, porque el viaje es la experiencia y llegar a Ítaca es la conclusión de todo lo que se aprende en el viaje. Sor Juana no quiere consumar su amor y es que tampoco puede porque por una parte, ella obedece sus votos de castidad y, por la otra, la jerarquía de la condesa no le permitiría mantener una relación sexual con una plebeya.
P. ¿Fue un amor platónico?
R. Al igual que Francisco de las Heras, Octavio Paz y Antonio Alatorre, creo que así fue: una relación intensa pero casta. Para enamorarte de alguien no necesitas llegar hasta la cama. Ahora existe el término “sapiosexual”, es decir, que te enamoras de la inteligencia de alguien más que de su cuerpo o de su estatus y, vaya, viéndolo retrospectivamente, creo que en el caso de sor Juana y María Luisa se enamoraron intelectualmente, pero se enamoraron al fin.
P. ¿Se sintió agobiada por el acoso de la condesa de Paredes?
R. Desde luego, María Luisa era una persona muy importante para ella, fue quien la ayudó a quitarse de encima al odioso padre Núñez de Miranda, quien la estimulaba creativamente, con quien compartía muchas cosas en común. Así que las muestras tiránicas de la virreina la agobiaban mucho. Cualquier señal, gesto tierno o desdén por parte de María Luisa la entusiasmaba o la agobiaba. Los enamorados de ahora nos molestamos porque la persona que amamos (que es alguien muy importante para nosotros) no nos contesta el móvil o nos deja con dos palomitas vistas en el Whatsapp y, bueno, eso también les pasó a ellas: cuando sor Juana no le escribía desde el convento, María Luisa se lo reclamó; y cuando la virreina la fue a buscar y no la encontró o la monja se negó a verla, se molestó muchísimo al grado de que tuvieron una pelea que llegó hasta las lágrimas de sor Juana. Y todo eso no lo digo yo: lo dice sor Juana en sus poemas, ella es la que va dejando las pistas de cómo fue su intensa pero fructífera relación con la condesa. El propósito de este trabajo también es que los poemas hablen por sí mismos, que en su contexto cuenten la historia de amor de estas dos mujeres pues no solo están los poemas de sor Juana, también incluyo los dos únicos intentos poéticos de la condesa que, aunque no son tan explícitos, creo que sí muestran un poco la admiración y la fidelidad que siempre le tuvo a la monja.
P. ¿Comparte la afirmación del prologuista, Ramón Martínez, de que la poesía de sor Juana Inés de la Cruz forma parte definitivamente del corpus literario más propio de las personas no heterosexuales? ¿Por qué?
R. Por supuesto. Otros estudiosos queer como Judith Butler y Didier Eribon han escrito que los gais tenemos un “canon alterno” de obras literarias que, dice Butler y la secunda Eribon, ayudaron a la creación de la identidad gay (ellos mencionan a autores en lengua inglesa y francesa, lógicamente, pues Butler es estadounidense y Eribon francés: Melville, Whitman, Wilde o Proust, André Gide, Jean Cocteau y Jean Genet). Y lo mismo se puede decir de los poemas amorosos de sor Juana. Lo que pasa es que en la lengua española nos hemos tardado en asumir y reivindicar a nuestros escritores gais para alimentar nuestra identidad y cultura gay. Espero que este libro sea el inicio para que otros estudiosos lo hagan con otros escritores gais del pasado: sería interesante sacar de las obras completas, la poesía homoerótica de Vicente Aleixandre, un poeta que pocas veces asume que el inspirador de sus versos es otro hombre o que ya sin el ojo de la familia, se puedan leer los poemas gais de García Lorca. Con Cernuda, por fortuna, la cosa es más fácil pues él fue el más radical de todos ellos: Cernuda fue como la sor Juana del 27: sin prejuicios, sin tabús, cantó siempre su amor por otro hombre.
P. ¿Y la opinión de Octavio Paz relativa a que sor Juan Inés estaba absorbida por la pasión del conocimiento, que, precisamente por ella, "tiene que neutralizar su sexo para poder acceder al ansia de conocer"?
R. Bueno, Paz se refiere a que sor Juana tuvo que hacerse pasar por hombre para ingresar a la universidad y así saciar su sed de conocimiento, ¡pero es que hasta en eso fue muy radical esta monja! Querer estudiar, aprender, no era precisamente algo que se les permitiera hacer tan fácil a las mujeres durante el virreinato, así que ella se las ingenió para romper con ese supuesto. Y luego, tampoco entró al convento por ser muy beata o piadosa: si lo hizo, ella misma lo escribió, fue porque no quería que la casaran, tener que pasar sus días atendiendo a un marido y a los hijos: lo que ella quería era leer y aprender y el único lugar donde la podían dejar en paz para hacerlo era en un convento, así que allí fue a dar. Y finalmente, también rompió toda relación con el tiránico padre Núnez de Miranda en tiempos en que se creía que las mujeres eran inferiores intelectualmente y que para dar cualquier paso necesitaban del consejo de un hombre: romper con él fue otra de las muestras de su genialidad, de que ella sola se valía por sí misma. Fue así como rompió con los paradigmas de su sexo (el “sexo débil”, según la misógina definición de la RAE) en pos de su vida intelectual y también, por qué no, de su sexualidad.
domingo, 17 de abril de 2016
Sor Juana Inés de la Cruz: 10 razones por las que fue una mujer polémica y valiente
Juana Inés de Asbaje y Ramírez es el rostro de la mujer mexicana del siglo XVII, la mayor figura en las letras y el pensamiento occidental latinoamericano en el barroco español. La Musa de la poesía, original, irónica y sin convencionalismos que cambió el panorama cultural e intelectual de la entonces Nueva España.
Sor Juana aprendió a leer y escribir a los tres años, a los ocho escribió su primera loa y en 1667 ingresó al convento de las Carmelitas Descalzas en el que permaneció por cuatro meses; dos años más tarde se ordenó en San Jerónimo, donde su celda comenzó a ser punto de reunión de intelectuales y mujeres amigas.
Experimentó, escribió y realizó la mayor obra feminista de esa época hasta su muerte acontecida el 17 de abril de 1695 con 43 años de edad.
¡Echa ojo!
1: Fue la líder de un movimiento creativo y social
Antes de Sor Juana, el comportamiento femenino tenía que estar destinado a la casa, al marido, a una vida “simple” de ser una mujer pasiva. Para poder tener acceso a las letras y a los conocimientos, Juana tuvo que ordenarse como monja, aunque eso no la libró del prejuicio el mismo clero.
2: Es considerada la primera poetisa de Latinoamérica
Comenzó a escribir siguiendo el estilo de los grandes maestros del Siglo de Oro español, sobre todo de Luis de Góngora y Argote, haciendo sonetos inolvidables. Es considerada como la primer poetisa barroca de la Nueva España.
3: Fue feminista
A través de su obra, Sor Juana escribía de mujeres para mujeres. Sus trabajos estaban basados en la exposición de sujetos femeninos, pero no como signo de masculinización sino como un esfuerzo creativo de cambiar un sistema evaluativo que privaba en las mujeres de su tiempo.
4: Su derecho a escribir
Sor Juana defendió hasta el día de su muerte la idea de escribir libremente, a pesar de estar expuesta a la sociedad patriarcal.
5: El amor de la mujer hacia la mujer
En sus versos, Sor Juana hablaba acerca de la amistad amorosa entre las mujeres, pero no referidos al lesbianismo, sino a la admiración de la belleza y las cualidades intelectuales como reconocimiento primero del género.
6: Las relaciones políticas y seculares
Sor Juana necesitaba de apoyo en las altas esferas y contaba con dos virreinas, Doña Leonor Carreto y Doña María Luisa de Manrique de Lara y Gonzaga, ambas reflejadas en su poesía y en quienes encontró la admiración necesaria para obviar las limitaciones de su género en aquel tiempo.
7: Polemizaba del prelado con el prelado
El convento nunca fue su primera elección, mejor dicho, fue la necesaria. Ya siendo monja, debatía e ironizaba sobre los convencionalismos del prelado, que se creían más inteligentes que ella, castigada por sus dichos, supo que siempre estaba sola.
8: Proponía una utopía
Algunos críticos señalan que Sor Juana tenía una idea utópica en la que hablaba de modernidad, donde solo era posible vivir al disponer de la sabiduría suficiente para tener un camino, aun con obstáculos físicos y espirituales.
9: Se le considera la décima musa, pero hay cierta ironía en ello
Robert Graves decía que la soledad de las mujeres intelectuales y artistas es mayor porque carecen de las musas que inspiran a los hombres. Lejos de las musas, las mujeres como Sor Juana deben soportar opresión y humillación masculina.
10: Más allá del miedo
Sor Juana siempre vivió con miedo, del poder de los hombres, de lo curas y el caótico momento en que vivió la tenían subyugada, pero vivía al borde la represión, tal vez al final sometida, pero nunca controvertida.
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